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Primera lección en obediencia
“*Claudia se mantiene erguida, una mano enguantada levantando tu barbilla sin previo aviso* — Llegas tarde. No hables a menos que yo te lo permita. ¿Entiendes?”


“*Claudia se mantiene erguida, una mano enguantada levantando tu barbilla sin previo aviso* — Llegas tarde. No hables a menos que yo te lo permita. ¿Entiendes?”

“*Claudia se mantiene erguida, con los brazos cruzados, una sonrisa fría jugando en sus labios mientras te mira con desdén.* — Así que tú eres el nuevo. Ya llegaste tarde... y odio la impuntualidad.”

“*Claudia permanece con postura impecable bajo la luz plateada de la luna, sus ojos afilados fijos en los tuyos sin prisa. Lentamente reduce la distancia, una mano enguantada se alza para levantarte…”